TALTECAN

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miércoles, 8 de febrero de 2012

Vivir para comer, y comer para vivir: Mariana Chavez


Tomado de Periodismo Chic
Tijuana B.C 24 de mayo de 2011
Por: PeriodismoChic
El martes 24 de mayo, en las instalaciones del Multiforo ICBC, el colectivo Taltecan presentó Maquilando, una obra que lleva a escena la explotación de las mujeres trabajadoras en la industria maquiladora.
El Taller Libre de Teatro Callejero Norteño (Taltecan), es un colectivo que, bajo la dramaturgia y dirección de la Licenciada en Teatro Mariana Chávez, escenifica sobre la vía pública la problemática social de Tijuana.
Enfocándose al teatro documento y con la colaboración de Christian Zúñiga, Maestro de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Mariana Chávez realiza una investigación documental sobre las colonias populares de Tijuana, a través de la cual nos presenta Maquila y Cartolandia, obras donde la explotación laboral y los asentamientos informales son el foco de atención.
Maquilando, la más reciente obra de Mariana, tuvo en su reparto a verdaderas trabajadoras de la industria maquiladora, que en 30 minutos relataron el maltrato que soportan las mujeres trabajadoras para sacar a sus hijos adelante.”La gente cree que los hijos de las maquiladoras o son prostitutas o son alcohólicos, y eso no es cierto, a pesar de ser madres solteras los sacamos adelante”, comentó María Pérez, integrante del reparto. “Llegué a vivir con 400 pesos a la semana y ahora tengo a mi bebe en la universidad, estudia teatro, por ella conocí a Mariana”, expuso. “La vida de una maquiladora se queda en el tiempo. No hay salida”, comentó Carmen Duran, también integrante del reparto, quien trabajó 14 años en una maquiladora. “Lo hacemos por nuestros hijos. Si los padres dan seguridad, los hijos progresan, sino, ahí se quedan.”
Hoy, Carmen Duran realiza trabajo comunitario en el Centro de Información Para Trabajadores de la Maquila (CITAC), en donde conoció a Mariana y recibió de ella la invitación para participar en Maquilando. “No es fácil que te apoyen porque la gente no sabe, no se anima, ni siquiera ve teatro. Carmen fue la única que me dijo que si sin saber qué onda”, comentó Mariana. Este desconocimiento de la problemática social que enfrenta Tijuana ha llevado al colectivo a impartir un taller de teatro que busca incluir video documental y música en vivo en el acto, para que así, aquellos que sean espectadores, se llevan más que un “gracias por su asistencia”.
Taltecan busca denunciar y crear conciencia a través de la puesta en escena, “si la gente no viene al teatro, el teatro va a ellos”, finalizó Mariana.

martes, 7 de febrero de 2012

¿Renovación?

Por Christian Zúñiga

Con la designación de Josefina Vázquez Mota como candidata presidencial del PAN termina formalmente el mandato de Felipe Calderón. Así, el presidente tiene, en los meses que le restan al frente de la nación, la oportunidad de entregar la banda presidencial con

dignidad, matizando su política pro seguridad, atemperando su tirante relación con los movimientos sociales y, sobre todo, haciéndose a un lado del proceso electoral para garantizar unas elecciones limpias.

A partir de la noche del domingo pasado, el protagonismo presidencial irá disminuyendo en la opinión pública. Esto no quiere decir que su poder, influencia y capacidad de decisión disminuyan. Pero tendrá que decidir de qué manera lo administra y cuál será el papel que desempeñé en los últimos y trascendentales meses que le quedan al frente.

A los candidatos presidenciales, a los partidos, a las instituciones públicas, al poder legislativo, al IFE, a los medios de comunicación y empresarios les queda el arduo trabajo de recuperar la credibilidad, la gobernabilidad y la institucionalidad del Estado y la democracia mexicanos. Es una tarea ardua y complicada, pero sobre todo impostergable.

El país necesita una reconciliación política y social. En estos momentos, el sentimiento más generalizado del simpatizante de cualquier partido o candidato hacia sus adversarios es de desprecio y desconfianza. Los sindicatos, movimientos sociales y ciudadanos han sido reiteradamente lastimados, usados o ignorados. Las estadísticas de ciudadanos, activistas sociales y periodistas asesinados, desaparecidos y agredidos son inaceptables para nuestro país. En otro sector de simpatizantes de partidos o candidatos impera el temor o el revanchismo político. Tenemos incluso un rango de ciudadanos que consideran no votar o anular su voto.

El elector se enfrenta a una elección con tres candidatos, uno de papel que, si bien hasta este momento tiene la mayor preferencia electoral, cosa que no deja de ser asombrosa, se enfrenta a dos candidatos reales ante los que probablemente sucumbirá, dispuestos a competir y con el ánimo de obtener el triunfo. Es un enigma que el PRI haya presentado un candidato vacío y sin contenido a la elección, que solo podrá ganar si el dinero y la mercadotecnia explotan adecuadamente el hartazgo hacia el PAN y la desconfianza hacia López Obrador.

Pero más allá de la disputa por el poder y de las revanchas políticas, la clase política mexicana en su conjunto tiene que superar el enorme desprestigio que ha acumulado durante los pasados doce años y dialogar de frente con la sociedad, sin demagogia, sin afanes propagandistas.

Lo que la elección del 2012 ofrece es la posibilidad de una renovación de la política nacional, o la afirmación del cinismo, la desesperanza y la impunidad en tonos que nos parecerían imposibles incluso en el México de López Portillo o Miguel de la Madrid.

martes, 18 de octubre de 2011

Ocupa Tijuana: 15 de Octubre de 2011

No hacían nada malo

Por Christian Zúñiga

La madrugada del 18 de octubre, policías federales y municipales arrestaron a los miembros del campamento Ocupa Tijuana, formado en apoyo a las manifestaciones que empezaron en España y continuaron en Wall Street. Se trata de un número de entre 25 o 40 personas, según las primeras informaciones que corrieron cuando sucedieron los hechos. Es una situación inédita, pues no han procedido así contra otras manifestaciones, incluyendo la que está colocada frente al Palacio Municipal desde hace dos años, tratando de impedir que se corten los árboles del parque Benito Juárez para construir un zócalo, o las que se instalaron en el 2006 afuera de los distritos electorales para denunciar un fraude electoral en la elección presidencial.

Los que gobiernan este país no entienden. No saben escuchar la crítica. No saben respetar los derechos. Dicen que nos están cuidando y que todo lo que hacen es para defendernos de los malos. Así, utilizan todo el peso de la fuerza para reprimir (sí, reprimir) a un grupo de personas que actuaron de la manera más pacífica posible. El domingo parecía una fiesta. Y si había quienes no le encontrábamos sentido a esta manifestación, ellos de cualquier modo estaban haciendo uso de su derecho de libertad y asociación. Entre las personas arrestadas hay estudiantes universitarios, profesionistas y artistas. No son ni sicarios, ni delincuentes, ni vagos, ni malandros, términos que son usados para desacreditar a las víctimas de los abusos de militares y policías. Con esta acción, sea de quien sea la responsabilidad, las autoridades muestran su incapacidad y su predilección por el uso de la fuerza. Algo que me parece terriblemente triste y lamentable pero, sobre todo, inaceptable.

Como ciudadano que apuesta por la discusión y las ideas, por muy tensas y polémicas que puedan ser, rechazo absolutamente esta acción policiaca, pues es un signo más del enorme retroceso en cultura política y derechos humanos que estamos padeciendo en este país. Algo que han venido denunciando de manera reiterada instituciones educativas, organizaciones de derechos humanos, periodistas y organismos internacionales. (CZ)


viernes, 16 de septiembre de 2011

Tomar la tribuna por un día

Por Christian Zúñiga
Cada generación tiene historias y motivos distintos. Las calles son tomadas constantemente por movimientos sociales organizados que encuentran en las manifestaciones, los plantones y las tomas un camino para mantener una agenda o cumplir objetivos políticos. Generalmente son los de abajo y/o a la izquierda. Solo excepcionalmente las calles son tomadas en acciones que rompen brevemente la distancia social entre unos y otros. ¿Cuántas veces hemos salido a las calles?, ¿cuántas veces la “normalidad política” es interrumpida por manifestaciones generalizadas para decir que algo está mal?
Cuando el último informe de Miguel de la Madrid mi abuelo estaba eufórico, un diputado se había animado a interrumpir tímidamente, con la delicadeza con que uno trata de hacerse atender por un mesero patán en un restaurant, el soliloquio presidencial. A pesar del gesto mínimo, su renosancia simbólica marcó un hito. Eso, junto con las marchas por el fraude del 88, las orejas de burro de Vicente Fox, el EZLN y la máscara de puerco de Marco Rascón. Pero aún no era el tiempo de mi generación. La calle nos tocó a nosotros cuando la toma de la UNAM por la PFP, con las acciones militares de Estados Unidos después del 9/11, con las marchas blancas en contra de la delincuencia, con los feminicidios de Juárez, Atenco y Oaxaca, el fraude electoral del 2006 y los recorridos de López Obrador y Javier Sicilia por todo el país. Todo lo que enumero es el manifiesto del hartazgo, de la desesperación, de la indignación y de la confusión. Pero terminan por apagarse, la normalidad que nunca fue termina por asimilar la anomalía y todos regresamos a lo nuestro, con o sin solución.
Los gritos y empujones en el Congreso, las máscaras de Salinas y Zedillo, el intento de impedir la toma de Felipe Calderón y los espectáculos de Noroña no son otra cosa que expresiones de la anormalidad democrática que padecemos. No hay nada que hacer ante la ausencia de diálogo, ante los oídos sordos, el grito y la pancarta. Las partes no se van a escuchar: unos están muy seguros de sus ideas y otros de su poder. Solo así escuchamos a Noroña, solo así nos dimos por enterados de que había un conflicto poselectoral. Es decir, se sale a las calles de manera generalizada cuando ya no hay opción posible, cuando el desastre es inminente o de plano ya nos fregó. Los legisladores llegan a los actos físicos, a las pancartas y a la toma de la tribuna, porque no existe una democracia donde la diferencia, el debate y la negociación se puedan sentar juntos. Es la democracia del mayoriteo y el más fuerte. Eso no es lo deseable, eso es lo que tiene a nuestro país en pésimas condiciones.
Por todo lo anterior no encuentro ninguna lógica, ninguna gracia, a que una diputada local del Distrito Federal, de la que no vale la pena consignar ni nombre ni partido, haya alentado y empujado a niños de primaria y secundaria a “arrebatar el micrófono”, a tomar la tribuna y a lanzar consignas con pancarta en mano. Es muy distinto salir a las calles, tomar la tribuna o plantarse donde sea por una convicción, a que una representante popular se aproveché de su posición y convierta lo que tiene como fin alentar la formación cívica y la participación ciudadana en un espectáculo que solo puede preocuparnos. Al gobernador o diputado por un día hay que agregarle su contraparte, la toma de tribuna por un día. No es un asunto de mal gusto, para nada, es el reconocimiento tácito de que las instituciones sí se fueron al diablo. Ante el fracaso de la democracia, ante el fracaso político de las generaciones precedentes, aprendan a tomar la tribuna para hacerse escuchar. Reconozcamos que la democracia en México es una simulación y denunciémoslo de una vez. De paso, sin pena, saquemos al niño del aula y enseñémosle a tomar la calle, no vaya a ser la de malas que se gane un lugar en la Ruta Hidalgo y tenga el dudoso honor de tener que saludar de mano al presidente… o peor aún, se transformen en cerdos burgueses o asalariados de mierda.